El lado oscuro de ser coach


 El lado oscuro de ser coach


O las razones por las que deberías pensártela
antes de intentar hacerte coach
© Laura Fierro Evans



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  entrevista en 92.7FM radio 


Si crees que no puedes quedar fuera de la jugada ahora que esto de ser coach está de moda y quieres certificarte a como dé lugar, puede ser que te lleves un gran revés si no te la piensas con suficiente detenimiento. Pues hay un lado oscuro del que nadie habla, sobre todo cuando lo que recibes son cientos de mensajes publiciatarios que te venden el sol, la luna y las estrellas.

Partiendo de la premisa que te quieras entrenar con profesionales y no caigas en manos de farsantes, el hacerte coach tiene esa otra cara oculta que necesitas reflexionar profundamente para que sepas en qué terreno te podrías meter y con qué tipo de monstruos y dragones tendrías que luchar. Mencionaré aquí algunos aspectos que hacen que tantos caigan y se pierdan en el camino, para que al menos hayas tenido esta advertencia antes de dar pasos en falso. Y decidas con un nivel mayor de conciencia qué estás dispuesto a dejar a cambio de entrar en este camino.

1.    Si te haces coach se te acabaron los pretextos, que no son otra cosa que mentiras con una palabra menos directa. Toda frase que contenga “Es que…” o “sí, pero no pude…” las quitarás de tu vocabulario. Porque un coach profesional encarna la máxima de “Yo soy mi palabra” y asume el efecto de lo que dice y de lo que calla. Sabe que el pretexto es una manera de quitarse responsabilidad sobre su incumplimiento, el pero es la palabra que anula la validez de lo dicho antes y el no puedo es una forma de ocultar que no quiere. Todas, formas verbales del engaño y el autoengaño. Así que si esto de fijarte en este tipo de detalles de lenguaje te causa una enorme flojera porque quieres seguir hablando y justificándote como siempre, mejor piénsatela. Puede que esto del coaching no sea lo tuyo.

2.    Se te acabaron los juegos de víctima, pues como llegarás a tu casa feliz a contar a tu gente lo que vas aprendiendo en el programa, al primer intento que hagas de culpar al otro, de hacerte ver como pobre inocente, impotente ante aquéllos malos que te quieren dañar, tu misma gente te sacará el espejo para detenerte y hacerte responsable: “¿Y para eso te hiciste coach? ¿para salirme con esto de nuevo?” Entonces ten cuidado si eres de los que ganan sus batallas buscando culpables. Tal vez no te va a gustar mucho el descubrir que si apuntas con un dedo al de enfrente como haciendo la forma de una pistola, son tres dedos los que te apuntan a ti.

3.    Serás más cuidadoso de tus excesos nocturnos en público, sobre todo después de que pierdas algún cliente que te encontró por ahí perdido en un antro, cuando al día siguiente ibas a hablar con ellos de integridad e impecabilidad… Así que pregúntale a quien sea el objeto de tus excesos si te va a permitir semejante desfachatez de abandonarlo por meterte a esto del coaching que va pareciendo menos divertido de lo que sonaba en un inicio.

4.    Se te acabaron las burlas y sarcasmos contra otras personas porque descubrirás cómo esas prácticas son discriminatorias y parten de estereotipos y de un deseo de venganza sobre alguien que no es culpable de tu ira interna. Descubrirás quiénes son los verdaderos enemigos a combatir, esos que habitan en tu interior y a los que aprenderás a honrar, no a despreciar a través de reírte a costa del malestar de otros. Así que, huye del coaching si éste es tu pasatiempo favorito. Es posible que tus amigos te tacharán de aburrido y quedarás excluido de ese grupo en poco tiempo, enojado, además, porque “nadie te dijo” que esa sería una inevitable consecuencia de meterte a relfexionar sobre ti mismo y el efecto de tu conducta.

5.    Al hacerte coach se te acabó ese sentirte dueño de la verdad universal que pontificas a diestra y siniestra. Si eres de los que se cree el Nuevo Mesías o el salvador del mundo, aléjate, pues justo encontrarás al lado oscuro: que tu verdad vale tanto tanto, que apenas para ti es válida. Y peor todavía, pues te enseñará que es mucho más poderoso escuchar abierto y sin juicios, que hablar repitiendo una y otra vez los discursos que tu mente fabrica de manera automática y repites hasta el cansancio. Así que cuídate de caer en la tentación del coaching si quieres seguir predicando como ya lo haces. Esto del silencio y de escuchar puede que te generen efectos secundarios adversos.



6.    Se te acabó la dependencia excesiva en los otros y ya no podrás ir a llorarle a tu pareja a que te resuelva la vida y tome las decisiones por ti, pues el coaching te facilitará el camino a la autonomía y a elevar tu determinación al tomar decisiones. La conciencia que obtengas gracias al coaching puede hacer peligrar al dependiente que te habita. Así que piensa bien si te conviene.

7.    Se te acabó el quererte creer que eres el o la linda buena maravillosa, blanca paloma, casi hermana gemela de la Madre Teresa, conectada con los ángeles y la bondad suprema. Pues mientras más te esfuerzas en hacer creer que vienes con tus alas apenas aterrizando vestida de blanco, más crece a tus espaldas tu lado oscuro como una sombra del doble de tu tamaño, y a la primera provocación se apodera de ti tu “Darth Vader” y te hace aniquilar tu figura angelical en la primera frase que hables. Sucede que en coaching aprendes a mirar, apreciar y abrazar al bueno y también al malo que te habitan, al ángel y al diablo y a ser dueño de toda tu vida interior, no sólo de la parte con la que quieres identificarte a costa de negar o reprimir la otra. Así que cuidado.

8.    Buena parte de los chismes que tanto alimentan tu vida social se van a terminar o al menos se va a ir transformando tu participación en ellos. Al hacerte coach estarás más silencioso, más reservado y observador. Habrá una vocecita interna que te recuerde la “confidencialidad” cuando quieras compartir todo sobre la vida de alguien. Y probablemente irás acostumbrándote a guardar lo que no es tuyo y a saber que si no es tuya la historia no te corresponde contarla. Así que si no estás dispuesto a prescindir del placer del chismorreo, mejor ni te metas en esto. Imagina el horror de tener que quedarte guardando el cuento para tus adentros.

9.    Otro lado oscuro detrás del coaching tiene que ver con el ego, la soberbia el sentido de superioridad sobre otros. Si crees que con el coaching ahora sí, por fin, tendrás herramientas para “ayudar”, “curar” o “arreglar” a los clientes que esperan en fila afuera de tu oficina, temo decirte que te encontrarás con que en coaching aprendes justo lo opuesto: a valorar al cliente como persona inteligente y como el experto en su vida que contiene dentro de sí mismo las respuestas y tú sólo le ayudarás a encontrarlas. Esto le baja varias rayitas al volumen de tu superioridad y te hace conectar con él como un ser humano tan sabio o tan ignorante como tú. Así que si no quieres hacer un ejercicio de humildad, mejor sigue siendo experto “reparador” de los demás.


10. Se te acabó el creer que nada más por asistir a unos cursos tendrás ya la varita mágica con la que vas a volverte millonario. Descubrirás que el camino del coach es como el camino del guerrero. Y el que entra, descubre que no es ninguna varita mágica lo que genera la abundancia, sino un compromiso diario que implica disciplina, autorreflexión, y comprometerse con ser un mejor ser humano cada día para que esa sea la magia de la varita: ser un ejemplo de presencia, de escucha y de crear las condiciones para construir el mejor de tus futuros posibles.

Así que... si llegaste hasta aquí en la lectura, has perdido un cachito de inocencia.  Cuídate del lado oscuro, ahí está detrás de ti.

El Pueblito, Qro, 12 nov 2105
©Laura Fierro Evans




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